Diseñé la nueva tienda de la marca de indumentaria masculina Pepuño y finalmente se inauguró. Está ubicada en el sexto piso de la Galería Azul, muy conocida en Gamarra por dedicarse a la venta de indumentaria masculina.
 
La tienda ya se abrió, ahora espero que vayan a comprarles. Lo digo en serio.
 
Hacerme cargo de este proyecto ha sido una experiencia enriquecedora. Todo empezó cuando hice el primer y hasta ahora único, pero no último llamado a la gente de la industria de la moda, pues aclaro que vienen muchos más.
Sin embargo en aquella oportunidad respondieron muchas personas dueñas de marcas independientes de indumentaria,  como lo son Mechy y Rocio Chuquillanqui, las dueñas de Pepuño.
 
Si acaso no lo sabían, ahora lo saben, son dos mujeres las que llevan adelante dicha empresa. Sus padres se encargan de una parte del proceso de producción, esencialmente de los tejidos, en su natal Huancayo, pero ellas viven en Lima y son dos guerreras. Mechy se encarga del diseño de las prendas y Rocio de los asuntos administrativos, Mechy es reservada y observadora, Rocío es entusiasta pero realista. 
 
Cuando negociamos el presupuesto disponible para el proyecto, ocurrió lo que yo sabía que iba a ocurrir: Era mucho menos de lo que yo esperaba.
 
Hasta entonces estuve acostumbrado a trabajar solo con clientes recomendados y que tienen a disposición elevados presupuestos en comparación del  común denominador pero he decidido cambiar. Creo que hay muchas personas con ganas de mejorar y solo hace falta que otras personas como yo dejen de poner la valla tan alta y que hagan mas asequible ciertos servicios que pequeños y medianos empresarios como estos necesitan.
 
Ellas dijeron un monto, yo les dije que no sería suficiente, les hice una contra propuesta, ellas me hicieron otra  y finalmente yo acepté. 
 
¿Por qué les cuento todo esto? 
 
Primero porque quiero que sepan que mis servicios de diseño, tanto de interiores residenciales como comerciales, están ahora a disposición de más personas y segundo porque quiero que comprenda el lector el esfuerzo que significó para todos hacer esta tienda; yo lo comprendía medianamente pero en la marcha lo comprendí del todo.
 
Sucede que en Gamarra la mayoría de tiendas maneja todo de una manera muy ligera. No se preocupan por contratar los servicios de diseñadores para implementar sus tiendas y si lo hacen, no son precisamente diseñadores de prestigio, las cosas como son.
Y cuando se trata de adquirir mobiliario, muebles y objetos de decoración, siempre es lo más barato, casi lo descartable, solo que no lo descartan hasta que pida auxilio.
 
La mayoría de tiendas de Gamarra están implementadas con humo, nada es realmente lo que parece ser. Pero ese no es el caso de la tienda Pepuño. Entre otros motivos se debe a que fui yo quien se encargo del proyecto pero también a la gran visión de sus dueñas.
 
Cuando recibí el local se encontraba en condiciones deplorables, los sistemas de cableado eran una calamidad, tanto que no sé cómo pudo funcionar allí negocio alguno. Había sido un taller en el que se confeccionaba ropa industrial, mamelucos y ese tipo de prendas.
Terokal esparcido por las paredes destrozadas, manchas de grasa, brea, aceite de maquinas, cables deteriorados, pisos de diversos tipos, etc.
 

 
En fin, era una calamidad. Pero la visión de Pepuño es grande y yo me encargué personalmente de potenciar el presupuesto para que rindiera el mejor de los frutos.
 
He aprendido mucho, de Rocio y Mechy, de Gamarra en sí, de la gente que allí trabaja, de los guardianes, de los clientes, de los estibadores, etc.
 
No quiero dejar de mencionar un episodio que ha quedado grabado en mí mente y mi corazón para siempre.
 
Cuando compré el piso porcelanato lo transporté hasta la esquina de Sebastian Barranca con Prolongación Huánuco en una camioneta, pesaba en total 1 tonelada con 300 kilos. Necesité entonces contratar los servicios de estibadores para que lo transportasen hasta la puerta de la galería.
 
Hablé con uno de ellos, le expliqué que tenía prisa y le pedí que llamara a 5 compañeros para que entre todos cargaran el piso sin demora. Hizo una mueca de fastidio y me dijo que él solo lo llevaría.
Yo accedí creyendo que finalmente me iba a hacer el cuento y que se iba a ver forzado finalmente a ir y venir repetidas veces.
 
Lo observé incrédulo. Puso caja tras caja sobre su super carretilla, luego las ato con soga, se puso su faja y ante mi mirada atónita, aquel hombre que me llegaba al hombro tiró con todas sus fuerzas de la carreta sin detenerse, en línea recta dos cuadras y se detuvo en la esquina de la galería azul. A su paso dejo caer una linea de sudor cual fuga de aceite en un carro. Debo confesarles que esa noche cuando estuve en mi cuarto lloré y lloro en este preciso momento mientras escribo estas lineas.
 
¡Y pensar que otros nos quejamos de tener que esforzarnos demasiado! ¡Y pensar que algunos tenemos la desfachatez de decir que la vida es dura!
 
Trabajar en Gamarra me ha cambiado para siempre.
 
Ese hombre es un héroe. Y así como él hay muchos en dicho lugar, hombres y mujeres, jóvenes y viejos.
 
Otro momento que me impacto fue cuando tuve que hacer retirar el desmonte de la tienda.
Fui caminando hasta el jirón Parinacochas, compre costales y llegué a una esquina de las muchas que hay allí en la que aguardan hombres que necesitan empleo.
Hablé con uno, ya que desde mi punto de vista era suficiente, serian unos 15 costales, uno solo hubiese sido suficiente para llevarse todo, de aquel sexto piso.
 
Ese uno habló conmigo, pero muchos nos siguieron, entre bromas y palomilladas, muchos ajos, cebollas y sacadas de madre de por medio, todos colegas, todos necesitaban ganarse tal vez el menú del día y ellos lo sabían, no hacían falta palabras ni ruegos, es un código que está establecido, un compañerismo que no se ve en otros lados; eso si, todos con una enorme sonrisa, nadie se quejó. Y en medio de su criollada, gritando por la calle, jalándose la ropa los unos a los otros,  esa gente que es muchas veces menospreciada por los que se creen superiores, me dio una gran lección de vida, de dignidad, de fiereza pero sobre todo de solidaridad y de hermandad. Ya quisiera tener yo ese tipo de amigos.
 
Acordé pagarles 1 ferro, como he aprendido que se le dice a un billete de 100 soles. Se lo llevaron todo en menos de media hora, le pagué al que hizo el trato conmigo, ‘Gracias causa’, y cada uno se dispuso a recibir lo que le tocaba. Así es mi gente peruana, así de grande, así de noble, gente que no se queda a esperar que el sustento le llegue a la puerta, sino que va en busca, lo persigue y lo encuentra. 
¡Oportunidades! A estos mis hermanos les hace falta oportunidades.
 
He trabajado allí desde muy temprano, hasta que no hubo nadie más en las calles, instalando vidrios y espejos hasta las 2 am: 
 

 
Finalmente el proceso llegó a su fin y entregué la tienda a satisfacción del cliente. La inauguración fue un éxito, una avalancha de personas se precipitó al interior de la tienda en el momento en que las puertas se abrieron, dispuestos todos a aprovechar las ofertas y descuentos del día.
Todos disfrutamos de una genial tarde de sábado, yo bastante agotado, pero finalmente contento de haber contribuido a que el negocio de estas dos mujeres a quienes ahora admiro y estimo, sea mejor y más grande.
 
Ahora es el turno de ustedes hermanos peruanos, ya conocen la historia detrás de esta tienda y hay todavía más entrega y sacrificio en la historia de esta marca, sumada al talento de la diseñadora. Aprendan como consumidores a comprar, porque con cada compra que hagan a empresas como Pepuño, contribuyen a que más personas como las que he mencionado en este artículo, tengan mejores oportunidades.
 
Contribuyen así a que el peruano que busca encuentre y se lleve más que un pan a la boca, porque nosotros somos grandes, porque merecemos lo mejor. Cómprale a Pepuño, cómprale a Gamarra, cómprale al Perú, hagamos todos unidos de nuestro país un lugar mejor y todavía más grande.
Gracias a dos #MujeresdeVerdad: Mechy y Rocio por confiar en mí y sobre todo por haberme dado la oportunidad de vivir esta experiencia inolvidable.
 
Les tomo la palabra y acepto la invitación para visitarlas en Huancayo y conocer más de su proceso de producción, ojalá sea para la fiesta de Santiago, estoy a sus ordenes.
 
Esto señores es conocer la moda, vivir la moda, hacer la moda, sentir la moda y no  solo tomarse selfies sentado en una silla de un desfile…
 
#UnsueñollamadoPerú #TodossomoselPerú #CómpralealPerú #Pepuño #Gamarra #GestionadolaindustriadelaModa #AlexanderCongonha #Lima #Peru
 
 

 
 
 
 
 
 
 

Post Author: Alexander Congonha

4 Replies to “Diseño de tienda: Indumentaria Masculina Pepuño”

  1. Que hermoso Trabajo, Felicitaciones Alexander eres un gran profesional y se nota por tus palabras y acciones que eres un excelente ser humano que sigan los éxitos para tú persona y para el Perú 🙂

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