Tengo 33 años, soy soltero, vivo solo y jamás pensé que el tema de mi alimentación llegaría a convertirse en una de las grandes preocupaciones de mi vida, al igual que dormir.

Sé cocinar bastante bien, provengo de un hogar en el que se le rinde culto a la gastronomía y en el que los platillos más suculentos jamás fueron suficientes para mi madre.
Fue ella la que inculcó en mí el amor por la buena comida y también quien me enseñó mucho de lo que se hacer en la cocina, o casi todo.

El locro de pecho arequipeño, el adobo de cerdo, el picante a la tacneña, el kankacho ayavireño, las papas huatias, el seco de cabrito lechal con frejoles acompañado de yuquitas fritas, sarandajas y un buen cóctel helado de algarrobina, son parte de la larga lista de platos que me roban el sueño.
¿Qué me dicen de un moqueguano de camarones? Chicharrones, chupes, un platazo de ají de gallina, una carapulcra con bastante maní, carne de pierna de cerdo y un sublime al final de la preparación. Con solo imaginarlo creo que estoy a punto de empezar a babear.

Solo hay un pequeño gran inconveniente: mi cuerpo. Si, este cuerpo que ya no es tan nuevo como aquellos días en que me sentaba expectante a la mesa de mamá aguardando el  olluquito con carne,
la sarza de charqui; un ají de fideos de mi abuela, o un pastel de papa y tallarin de la otra, con su buena porción de ocopa y su churrasco. No señor, este cuerpo cada vez más decadente me pasó la notificación cuando crucé la linea de los 30.

Hasta entonces todo era dicha y felicidad, devoraba todo sin pensarlo, alguien incluso dijo alguna vez, que yo comía como un caballo y creo que era cierto, sin embargo no engordaba.

Pero mi fascinación por la comida no se limita a la peruana. Me vuelvo loco con un pesto alla genovese, lleno de aceite de oliva con sus piñones, me pierdo en medio de los cortes de carne a la parrilla, un asado de tira con hueso, una pieza de carne marmoleada, con su grasa y con su jugo.
La comida marroquí e hindú me transportan a otro mundo, amo los condimentos, los sabores exóticos y explosivos. Mi mente se confunde bombardeada por pensamientos en los que el queso de cabra, los vinos, los jamones, el caviar y las langostas, compiten por ganar el lugar de mi comida favorita, aunque jamás lo consiguen.
Ese lugar le pertenece a un menú muy especial, que solo cocinado por mi madre puede reunir las cualidades necesarias para hacerme feliz incluso en el día mas oscuro de mi vida.
Y es que ese menú tiene un ingrediente que no satisface solo a mi estomago, sino que a la vez toca profundamente mi corazón:
Sopa de carne a la minuta y como plato de fondo o segundo, como decimos en Arequipa, un buen plato de torrejas fritas, de arroz, de fideos crocantes, de quinua y de verduras, una porción de ensalada rusa y una buena papa harinosa  bañada en el mas sublime llatan hecho por mi madre, verde, con todo ese aroma a culantro que trepa por mi nariz. Eso me transporta a mi infancia y nada nunca podrá ganarle.

Creo que he quemado una etapa y la he disfrutado bien. Fue la etapa de comer todo sin detenerme mucho a pensarlo.
La etapa que vivo hoy es diferente, es la etapa de disfrutar de una manera distinta, siendo más sesudo, contando las calorías, midiendo todo, ahora los atracones me los puedo permitir los feriados o algunos fines de semana, de lo contrario es fácil ver una barriga que empieza a crecer y que se convierte en ese bulto que no te da ganas de detenerte a ver.

Solo que la barriga es muchas veces la punta de un iceberg. Un iceberg que esta hecho de colesterol, diabetes, hipertensión y muchos otros problemas.

Cada uno puede decidir el camino que va a tomar. Quizás te quieras entregar sin medidas ni clemencias a los placeres de la carne o tal vez quieras, como yo, empezar a cuidar tu salud a través de tu alimentación. El problema es que cuando vives solo, no es algo fácil de hacer.  
Ya me vieran allí, parado en la esquina cada vez que tenía que decidir a donde ir a comer, escogiendo entre todos los restaurantes cerca de casa y viendo como mis gastos de alimentación aumentaban como la espuma en un vaso de cerveza. Y por mas que gastara, nunca conseguía que fuera comida realmente saludable.

Hasta que encontré, navegando por internet, una empresa que se llama Delimas. Y aclaro que no me han pagado ni me han dado canje, pero comparto esto con ustedes, porque desde que he puesto en sus manos mi alimentación, mi vida se ha transformado, los gastos han disminuido considerablemente y mi salud a mejorado. Mención aparte merece mi estado físico.

Aunque también ofrecen servicios personalizados, encontré en uno de sus planes pre diseñados uno que se adecuaba a mis necesidades y estoy más que satisfecho.

Cada día por las mañanas llega a mi casa una caja que contiene el almuerzo del día, un pequeño snack para la tarde, la cena y el desayuno del día siguiente.

Estas son las fotos que tomé de la primera caja que llegó:


El menú es variado y aunque está claro que no incluye las delicias que menciono al inicio del post, lo considero sabroso y nutritivo. Por eso lo recomiendo.

Casi al mismo tiempo que encontré ese servicio, encontré una app que se encargó de regular mis problemas de sueño. Es que a veces soy como una locomotora, empieza el día avanzan las horas, la velocidad aumenta y cuando me recuesto a dormir, estoy a toda marcha y no consigo disminuir el ritmo, calmar mi locomotora. Estoy seguro de que a muchos de ustedes les ha pasado.
Pues la aplicación llamada BrainWave Dream Inducer ha sido para mí la solución
Cuesta US$ 0.99 y ofrece distintos programas para inducir al sueño a través de ondas cerebrales que llegan camufladas entre sonidos relajantes de tu elección. Y mí me funciona de maravilla.



Entonces, de un momento a otro y sin pensarlo mucho, tengo resuelto el tema de mi descanso y mi alimentación. Dos importantes piezas de mi rompecabezas han aparecido y ahora todo es mejor. Creo que todo es mejor cuando controlamos nuestro comer y nuestro soñar.

Post Author: Alexander Congonha

One Reply to “Comer y Soñar”

  1. Qué buen post 🙂 Te recomiendo que leas ¨La Antidieta¨, que habla básicamente de comer sano sin privarte de nada y lo mejor es que te explica el Porqué de comer saludable ya que nuestro cuerpo es una máquina y la debemos cuidar y dar un debido mantenimiento.

    Saludos!

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